Universidad de Artemisa: Julio Díaz González.
Carrera: Trabajo Social
SEDE UNIVERSITARIA MUNICIPAL
Asignatura: Fundamentos Sociológicos para el Trabajo Social.
Seminario: Integrador
Título: Análisis sociológico de la desvinculación laboral y educativa de un joven huérfano: propuesta de intervención desde el Trabajo Social
Autora: Honays Jimenez Pérez.
AÑO 2026
INTRODUCCIÓN
La sociología, como ciencia que estudia los fenómenos sociales desde una perspectiva estructural, ofrece herramientas conceptuales fundamentales para la práctica del Trabajo Social. En particular, los conceptos de modernidad líquida, anomia, alienación, racionalización y nihilismo permiten comprender situaciones de vulnerabilidad más allá de las explicaciones individualistas.
La relevancia de este caso radica en que refleja una problemática creciente en la sociedad contemporánea: la fragilidad de los lazos sociales y la falta de instituciones que acompañen a los adolescentes en situación de orfandad. En Cuba, aunque hay leyes y políticas, muchas veces no se aplican porque los casos no se detectan a tiempo. Rubén es un ejemplo de eso: un chico de 17 años que se quedó solo y nadie del barrio, ni el CDR ni la escuela, hicieron nada hasta hace dos meses.
La autora, desde su rol formativo en Trabajo Social, considera que no se puede reducir la situación de este joven a categorías moralizantes como “vago” o “delincuente”, sino que es necesario aplicar un análisis sociológico que considere la estructura social, el contexto de modernidad y los diagnósticos clásicos de la teoría sociológica.
Por lo tanto, el presente seminario tiene como objetivo: fundamentar, desde los fundamentos sociológicos, la situación de un joven adolescente huérfano y desvinculado sin redes de apoyo.
DESARROLLO
Para la realización de este seminario, se empleó el método cualitativo de estudio de caso, basado en la revisión documental, así como en la observación indirecta y en la reconstrucción de la información proporcionada por fuentes comunitarias (trabajadora social del área de salud, presidente del CDR, vecinos). No se realizó intervención directa por tratarse de un ejercicio académico, sino que se simuló un diagnóstico sociológico a partir de los datos disponibles.
El presente seminario se centra en el caso específico es el de Rubén, un joven de 17 años, cuyos padres fallecieron cuando él tenía 13 años, desvinculado del estudio y el trabajo y no cuenta con redes de apoyo ya que sus abuelos no están vivos; su único tío reside en otra provincia y mantiene una relación distante. Los hermanos paternos no quisieron responsabilizarse de él. Rubén abandonó la escuela a los 14 años, no tiene vínculos laborales formales, sobrevive con pequeños trabajos informales (lavar autos, hacer mandados) y ocasionalmente ha robado un teléfono móvil. El CDR no lo había visitado, la escuela le dio de baja por inasistencia y la trabajadora social de la zona desconocía su situación hasta hace dos meses.
En el caso se trata, la perspectiva sociológica se caracteriza por su capacidad de desnaturalizar lo que el sentido común considera problemas individuales (Colectivo de autores, 2018). Para el Trabajo Social, aplicar esta mirada al caso, implica rechazar cualquier explicación que reduzca su situación a mala conducta, vagancia o delincuencia innata. En lugar de eso, se pregunta: ¿Dónde están sus padres? Murieron. ¿Dónde están sus familiares? No hay redes familiares disponibles. ¿Qué ha hecho la comunidad? El CDR no lo ha visitado, la escuela lo excluyó, la trabajadora social no tenía conocimiento. Todas estas son causas sociales.
La intervención profesional desde esta perspectiva consiste en orientar la acción no solo hacia Rubén, sino hacia su entorno. Por ello, se propone activar a los actores comunitarios (CDR, FMC, trabajadora social), realizar charlas vecinales para fomentar la empatía y la ayuda, y exigir a las instituciones que agilicen los trámites de asistencia social. De este modo, se modifica la conducta de Rubén al transformar las causas que la generan.
La teoría sociológica distingue tres niveles de análisis que resultan útiles para organizar el diagnóstico y la intervención (Colectivo de autores, 2018). En el caso de Rubén, estos niveles se concretan de la siguiente manera:
Nivel macro: Las leyes cubanas (Decreto Ley 76 de Asistencia Social, Código de las Familias, Ley de Protección a la Infancia y la Adolescencia). Muchas de ellas no se aplican porque no se detectan a tiempo estos casos. La labor de la trabajadora social es denunciar esa brecha entre la norma y la realidad.
Nivel meso: La comunidad, la escuela a la que ya no asiste, el policlínico, la comisión de prevención del consejo popular. En este nivel se encuentran recursos potenciales: vecinos solidarios, un jubilado dispuesto a acompañar y la trabajadora social del área de salud.
Nivel micro: La relación cara a cara con Rubén, su rutina, sus miedos y sus frases como “nadie me va a dar nada”. Aquí se construye confianza, se escucha y se pactan pequeñas normas.
La trabajadora social debe diseñar acciones en los tres niveles: denunciar ante autoridades el incumplimiento de políticas (macro), movilizar a las organizaciones de base del barrio (meso) y construir una relación de confianza con Rubén (micro). Solo así se incide realmente en la situación.
Vivimos en lo que Bauman (2003) denominó “modernidad líquida”, donde los lazos sociales se vuelven frágiles y temporales. Rubén es un hijo perfecto de esta época. En una sociedad tradicional, la familia o la comunidad se habrían hecho cargo de un huérfano. En la modernidad sólida (industrial), el Estado lo habría acogido en una escuela-hogar. Hoy, en la modernidad líquida, no hay nadie: la familia se ha disuelto, el Estado llega tarde y mal, la comunidad ya no tiene obligaciones fuertes.
No se puede recuperar la comunidad tradicional, pero sí construir nuevos lazos basados en la corresponsabilidad. Por ejemplo, se propone a Rubén un pacto concreto: “Si asistes tres veces por semana al curso de carpintero, yo gestionaré que Doña Carmen te cocine el almuerzo”. Este no es un viejo lazo comunitario, sino un acuerdo adaptado a la modernidad líquida. La clave está en aceptar el contexto y actuar dentro de él.
Marx (1844) utilizó el concepto de alienación para referirse al obrero que no se reconoce en su trabajo. Rubén no es un obrero, pero sufre una alienación similar: está alienado de su propia vida. Realiza mandados, lava autos, a veces roba un teléfono, pero ninguna de esas acciones le permite sentirse útil. Esta alienación se expresa en frases como “¿para qué voy a estudiar si no voy a ser nadie?”. Para contrarrestarlo, se propone vincular a Rubén a cursos de carpintería y electricidad, donde pueda ver el resultado tangible de su esfuerzo: reparar un sillón o conectar un tomacorriente. La acción concreta devuelve el sentido de autoría.
Weber (2002) advirtió que la sociedad moderna se organiza mediante reglas, expedientes, colas y formularios. Para que Rubén reciba la ayuda económica a la que tiene derecho, necesita: certificado de defunción de ambos padres, carnet de identidad, dictamen de vivienda, informe del trabajador social, aval del delegado, tres fotos y dos sellos. Rubén no sabe por dónde empezar. Allí entra la trabajadora social como acompañante y traductora de la burocracia, sentándose con él para explicarle cada paso y realizar juntos los trámites. Así se modifica la creencia negativa de Rubén en el sistema.
Durkheim (2003) definió la anomia como la ausencia de normas claras. Eso es lo que le sucede a Rubén: no tiene horarios, ni obligaciones, ni referentes que le digan qué está bien y qué está mal. Su conducta no es maldad, sino vacío normativo. La solución consiste en reconstruir pequeñas normas pactadas con él. Por ejemplo: “Si empiezas a trabajar de jardinero en la escuela Jorge Dimitrov, gestionaré que tengas un día de práctica en la carpintería municipal”. Son normas concretas y predecibles. El orden se construye desde lo mínimo.
Es un error común decir “este chico tiene trastorno de conducta” y derivarlo al psicólogo. Eso es psicologizar un problema social. Rubén no está enfermo; está solo y sin oportunidades. Derivarlo a psicología sin antes mejorar sus condiciones materiales y sociales sería etiquetarlo y evitar la responsabilidad del Trabajo Social. Solo si después de esa intervención persisten síntomas graves, se considerará la ayuda profesional.
Por otro lado, Nietzsche (citado por Colectivo de autores, 2018) hablaba del nihilismo como la pérdida de valores, la sensación de que nada vale la pena. El nihilismo se combate con pequeños logros: terminar un trámite, reparar un objeto, recibir un elogio sincero de un vecino. También se propone a Rubén contactar con un joven del barrio que antes estaba desvinculado y hoy trabaja en un taller de celulares. La experiencia viva vale más que mil palabras.
Sin teoría sociológica, el Trabajo Social con Rubén caería en el asistencialismo (dar comida y ropa sin modificar causas) o en el moralismo (reprender sin ofrecer alternativas). La teoría permite comprender que la anomia requiere normas pactadas, que la alienación exige trabajo concreto, que la racionalización burocrática necesita acompañamiento y que el nihilismo se enfrenta con la reconstrucción del sentido. Así, la trabajadora social se convierte en una profesional que utiliza la perspectiva sociológica como una caja de herramientas: diagnóstico (niveles de análisis), intervención (conceptos de anomia, alienación) y evaluación (verificación de cambios estructurales). De esta forma, la teoría se vuelve praxis.
El análisis sociológico nos permitió comprender que la desvinculación de Rubén no es un fallo individual ni un hecho aislado, sino una manifestación concreta de la modernidad líquida
Los diagnósticos sociológicos de anomia (Durkheim), alienación (Marx), racionalización (Weber) y nihilismo nos dan un lenguaje preciso para entender las conductas de Rubén (apatía, desesperanza, hurtos) sin caer en reduccionismos psicologistas o moralizantes. La anomia explica la falta de normas, la alienación explica la falta de vínculo con el trabajo productivo, la racionalización explica las barreras burocráticas, y el nihilismo explica la pérdida de sentido de la vida.
PLAN DE ACCION
El plan de acción, integra estos conceptos en fases concretas: diagnóstico y vínculo, intervención sobre las causas, y sostenibilidad. Cada acción —desde el contrato semanal contra la anomia hasta el acompañamiento burocrático— demuestra que la teoría sociológica no es un adorno académico, sino una herramienta imprescindible para incidir, orientar y modificar tanto la conducta del joven como su entorno.
Fase 1: Diagnóstico y vínculo (primeras dos semanas)
Realizar entrevistas a Rubén, sus vecinos, la escuela a la que asistía y el consultorio médico familiar. Tomar nota de cada prejuicio (“es un ladrón”, “no sirve para nada”) y contrastarlos con los hechos sociales reales.
Identificar los tres niveles: qué dice la ley (macro), qué recursos hay en el barrio (meso), cómo es el día a día de Rubén (micro).
Fase 2: Intervención sobre las causas (semanas 3 a 8)
Combatir la anomia mediante un pequeño contrato semanal: limpiar la casa, asistir al curso de carpintería y avisar si no puede cumplir. Si cumple, recibirá una pequeña recompensa (comida o un objeto que desee).
Para la alienación: inscribirlo en un taller de oficio (carpintería y electricidad) y acompañarlo a las primeras clases.
Navegar la racionalización burocrática: ayudarlo a realizar los trámites para la ayuda económica de la asistencia social, explicándole cada paso.
Movilizar el nivel meso: solicitar al presidente del CDR que designe a un vecino jubilado como referencia adulta.
Evitar la psicologización: no derivar a psicología a menos que aparezcan síntomas graves; en su lugar, activar redes sociales.
Fase 3: Sostenibilidad y construcción de sentido (semanas 9 a 16)
Vincular a Rubén a un proyecto comunitario en la casa de la cultura para generar pertenencia y evitar el nihilismo.
Evaluar la disminución de la anomia: preguntar a Rubén si ya tiene claras algunas reglas de su vida y registrar conductas positivas sostenidas.
Preparar el seguimiento: acordar visitas cada 15 días durante tres meses después de su reinserción.
Cerrar un pequeño proyecto de vida elaborado por el mismo Rubén (por ejemplo: terminar el curso de jóvenes, empezar a trabajar como carpintero o electricista, y finalizar el noveno grado en la facultad).
CONCLUSIONES
La fundamentación sociológica permite al Trabajo Social abandonar tanto el asistencialismo como el moralismo, y adoptar un enfoque estructural que combina el análisis macro social con la intervención micro relacional. La autora reafirma que la teoría y la práctica son inseparables en la formación profesional, y que casos como el de Rubén exigen una mirada integral, donde la sociología ilumina el camino para la acción transformadora.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Colectivo de autores. (2018). Fundamentos de Sociología para Trabajo Social. Editorial Félix Varela.
Durkheim, É. (2003). *El suicidio*. Editorial Losada. (Trabajo original publicado en 1897).
Marx, K. (1844). Manuscritos económicos y filosóficos. Alianza Editorial. (Selección sobre trabajo alienado).
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de Cuba. (2019). Decreto Ley 76 de Asistencia Social. Gaceta Oficial de la República de Cuba.
Weber, M. (2002). Economía y sociedad (2.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.