JULIO DÍAZ GONZÁLEZ
CENTRO UNIVERSITARIO MUNICIPIO BAUTA
CARRERA: TRABAJO SOCIAL
Trabajo final : Fundamentos Sociológicos para el trabajo
Aurora: Arlemi Germán González
2025-2026
INTRODUCCIÓN
La sociología nació en el siglo XIX para entender los profundos cambios producidos por la modernidad, especialmente por la Revolución Industrial y la Revolución Francesa surgiendo grandes transformaciones en las estructuras sociales de convivencias. Como ciencia se consolido en Gran Bretaña a principios del siglo XX Herbert Spencer (1850) a partir de los cambios sociales. En sus inicios surge como hija de otras disciplinas como la filosofía, la política y la psicología.En ese escenario, autores como Durkheim, Marx y Weber intentaron como las nuevas formas de organización social incluyen en la conducta humana, en los vínculos familiares y en los problemas sociales que enfrenta la sociedad contemporánea. A mediados del siglo XIX aparece la sociología como un programa analítico y empírico de la realidad social, así la sociedad se descubre como objeto científico con la modernidad. El surgimiento de esta ciencia fue una revolución epistemológica (teoría, métodos, retorica o conceptualización).Constituye al crecimiento teniendo en sus raíces en el esfuerzo de interpretar científicamente la condición humana. Norbert Elías (2021) se refiere a cuatro tendencias para entender la modernidad. La reducción de las diferencia de poder entre gobernados y gobernantes (interdependencia).La reducción de la diferencia de poder entre distintas capas (conciencia, de variabilidad).Transformación de todas las relaciones en el sentido de una medida superior de dependencias y controles recíprocos y multipolares (generalización) de mayor independencia individual vuelve problemático el orden.
Según Alex Inkeles la sociología es el estudio de la sociedad, las instituciones y las relaciones sociales donde existen tres métodos de definición (histórico, empírico y analítico).La perspectiva sociológica es aquella que trata de dar sentido histórico social de todos los procesos que ocurren en una sociedad independientemente de la naturaleza que estos tengan.
Es una nueva propuesta que defiende una visión ontológica de la sociedad Emile Durkheim (2021); diferente a la de la naturaleza del conocimiento de lo social opera de manera distinta y exige de métodos diferentes para su construcción. Ese método se basa en la interpretación de los fenómenos de la realidad social como idea fundamental de su sociología. El lugar central que ocupan los valores, su papel fundador de la conciencia social que es, a la vez, conciencia moral. Lo que pretende es comprender la influencia indirecta de los valores sobre la vida y sobre la formación social. Los valores son racionales, incluso más racionales que los intereses económicos, y por ello la actitud axiológica de neutralidad es más conveniente que la del juicio moral Weber (1864-1920).
El hecho social no tiene su fuente en el individuo y se impone sobre su conciencia y conducta, en tanto mecanismos estructurales y estructuradores que explican la acción y las conductas, que contribuyen al sostenimiento de la sociedad como organismo viviente (Sarmiento, 2018).
Todos estos temas se relacionan de manera directa con la problemática de la familia. Cuando nos enfrentamos con una familia en la que el padre y la madre son alcohólicos y tienen un hijo adolescente, lo primero que nos viene a la cabeza suele ser el prejuicio. Pero la sociología, y en especial la que se estudia para el Trabajo Social, obliga a dar un paso atrás y preguntar ¿Por qué el alcohol se volvió el centro de su vida en pareja?
Para responder a esta interrogante se usaran varios conceptos clave que se han visto en la asignatura. Uno es la anomia de Durkheim, que básicamente es la pérdida de normas claras. Cuando una sociedad cambia las personas se desorientan, no saben que está bien o mal, y entonces aparecen conductas como el alcoholismo para llenar ese vacío.
Otro concepto es la alienación, de Max, que se refiere a sentirse vacío en el trabajo, hacer algo que no te realiza, ser una pieza más de una máquina. Eso lleva a buscar consuelo en la botella. Luego está la racionalización de Weber, que es esa presión constante de ser eficiente, cumplir horarios, hacer todo calculado. Los padres alcohólicos viven eso todos los días, y el alcohol se convierte en la única cosa irracional que les queda, una manera de escapar de la jaula de hierro. También, hablaremos sobre del nihilismo o negación, que suena feo, pero es algo muy cotidiano, la pérdida del sentido de la vida. ¿Para qué luchar si todo es siempre igual? Estos padres ya no creen en casi nada, y el alcohol es un analgésico para ese vacío. Y, por último, la psicologización, que es una trampa en la que caemos a menudo: explicar problemas sociales como si fueran enfermedades individuales. Decir es alcohólico porque tiene una enfermedad sin preguntarse, por qué viven hacinados, por qué no hay espacio de ocio. Eso es epsicologizar y como trabajador social es necesario evitarlo.
Todos estos temas se relacionan de manera directa, con la problemática de la familia. El adolescente, por ejemplo, crece en un ambiente anímico, sin reglas claras y puede terminar repitiendo el patrón o buscando refugio en la calle. Los padres, alienados por su trabajo precario, beben para soportar una vida que no les da satisfacción.
La racionalización los agobia, el nihilismo los desespera, y la psicologización del sistema de salud los reduce a enfermos.
Objetivo: Analizar desde los conceptos sociológicos de anomia, alienación, nihilismo y psicologizacion, la situación de una familia con problemas de alcoholismo.
DESARROLLO
El presente trabajo se realizó mediante un estudio de caso único, con enfoque cualitativo, complementado con una revisión bibliográfica de los autores clásicos de la sociología (Durkheim, Marx, Weber) y su aplicación al Trabajo Social. Se utilizó la técnica de observación directa y entrevistas no estructuradas con la familia, así como la consulta de fuentes secundarias para fundamentar teóricamente el diagnóstico y la propuesta de intervención.
La familia objeto de este estudio reside en el Pueblo Ariguanabo, Municipio Bauta, Provincia Artemisa. Padre de 42 años, albañil en un centro estatal, con 15 años de consumo de alcohol. Madre de 39 años, bodeguera con 10 años de consumo de alcohol. Hijo de 14 años, estudiante de Secundaria Básica con bajo rendimiento escolar, conductas inadecuadas, ausencias a la escuela y aislamiento social.
La familia fue identificada por la autora durante su trabajo en la comunidad junto a la doctora del consultorio médico. Residen en una vivienda en mal estado que consta de dos cuartos, con aglomeración. Ambos padres tienen empleos inestables, bajo salario y sin satisfacción laboral. Han intentado dejar de beber en dos ocasiones sin éxito.
La anomia, es esa pérdida de normas claras de la que habla Durkheim, no es una teoría abstracta. En esta familia significa que nadie sabe muy bien cuando empieza a beber, cuándo se para, qué está permitido y qué no. El adolescente no tiene horarios, ni reglas sobre las tareas, ni consecuencias claras si se porta mal. Los padres, por su parte, han perdido la referencia de lo que es una familia normal.
El rol del trabajador social en esta situación no será imponer normas desde fuera, pero si puede ayudar a la familia a reconstruir unas pocas reglas sencillas. Por ejemplo, acordar que entre las 6 y las 7 de la tarde no se bebe, porque es la hora de la cena y de hablar con el hijo. O que los fines de semana se dediquen hacer algo juntos sin alcohol. La idea no es militarizar la casa, sino crear pequeños anclajes que reduzcan el caos.
Como trabajadores sociales, debemos orientar a la familia, explicándoles que lo que les pasa no es rareza ni maldad, que muchas familias han perdido las referencias después de tantos cambios en la sociedad actual, se pone en condiciones de aceptar ayuda. La intervención con anomia se trata de construir rutinas paso a paso. Se puede, desde el trabajo social ayudar a la familia a hacer un horario semanal muy sencillo (comidas, escuela, dormir).
El concepto de alienación de Max aquí es muy concreto, el padre se siente una máquina de levantar paredes ajenas y la madre se siente invisible detrás de un mostrador. No hay orgullo por lo que hacen, no hay reconocimiento. El alcohol les da una falsa sensación de ser alguien.
Como trabajadora social, para incidir, no se cambia el sistema económico, pero se puede ayudar a buscar pequeñas fuentes de realización fuera del trabajo.
Por ejemplo, si al padre le gusta la carpintería, buscar un espacio en un taller comunitario. Si a la madre le gusta la costura, se busca algún curso en la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en que pueda aprender. No se trata de ganar mucho dinero, sino recuperar la sensación de: esto lo hice yo, es mío.
Para poder orientar hay que hablar con ellos sobre cómo el trabajo los está consumiendo, pero sin usar palabras raras. Preguntar: ¿Qué es lo que más odian de su trabajo?, ¿Qué les gustaría hacer si pudieran elegir?, A partir de ahí, buscar alternativas realistas, aunque sean pequeñas. También, se les puede orientar cursos de formación profesional que les abran otras posibilidades.
Según el concepto de racionalización de Weber para aliviar la presión puede diseñar, junto a la familia, un pequeño proyecto semanal, por ejemplo, arreglar un mueble roto de la casa, plantar un huerto en un balde, enseñar al adolecente a hacer algo útil. No importa que sea importa es que los padres sientan que pueden transformar algo. De esta forma combatir la alienación.
Desde la actividad significativa se observa la racionalización como una exigencia, de ser eficiente todo el tiempo, de cumplir horarios, de hacer cuentas. Estos padres viven agobiados por eso: el padre con sus clientes de la construcción, la madre con las colas y el control de es su descanso absurdo de paz.
A fin de incidir, la trabajadora social puede ayudar a encontrar paréntesis racionales menos destructivos, por ejemplo, sugerir que en lugar de beber vean una película o una serie junto en familia, pedir un día libre en el trabajo, intercambiar turnos de trabajo con algún compañero para tener una tarde más tranquila. Asimismo, orientar que la necesidad de desconectar es normal, que todo el mudo la tiene y que el alcohol termina siendo un mal negocio.
Ayudar a identificar otros momentos del día, en los que puedan tener pequeñas dosis de irracionalidad sana: escuchar música, jugar dominó, sin beber. La intervención puede incluir la creación de una hora sagrada, libre de productividad. Ejemplo: de 7 a 8 de la noche, nada de cuentas, nada de tareas, nada de trabajos, solo estar juntos callar o hablar, pero sin alcohol. Este es el antídoto contra la jaula de hierro.
¿Cómo usar el concepto de nihilismo para resolver sentido?
El nihilismo es la sensación de que nada importa. Estos padres ya no esperan nada del futuro. Por eso beben: para no pensar. El adolecente empieza a contagiarse de esa desesperanza.
Para incidir, la trabajadora social tiene que ayudar a encontrar pequeños sentidos, muy concretos. Por ejemplo, poner que el adolecente les enseñe algo que aprendió en la escuela (aunque sea poco). O que juntos planeen una salida el próximo fin de semana, aunque sea al parque. No se trata de un gran proyecto, sino de recuperar la capacidad de desear.
Orientar: hablar con ellos lo que antes les importaba. Quizás al padre le gustaba el béisbol, o a la madre le gustaba cantar. Preguntar por qué dejaron de hacerlo. Ver si es posible retomarlo, aunque sea de manera modesta. También, se puede orientar hacia un grupo de ayuda a la mujer y las familias que no solo hablen de alcohol, sino de reconstrucción personal.
Para tratar el nihilismo se trata con experiencias concretas de eficacia. Por eso es útil que la trabajadora social proponga tareas muy pequeñas y alcanzables: ¿Esta semana podemos lograr que el adolescente no falte a la escuela ningún día? Cuando lo logran, se celebra. Eso demuestra que si pueden cambiar algo. Poco a poco, la desesperanza se va transformando en confianza.
¿Cómo usar la crítica a la psicologización para no reducir todo a enfermedad: La psicologización es la trampa de decir son alcohólicos, tienen una enfermedad, ¿hay que tratarlos con psiquiatría? Eso es verdad en parte, pero no es toda la verdad. Si la trabajadora social solo deriva al psiquiatra está ignorando la vivienda, el trabajo, la escuela, la comunidad.
Para incidir, la trabajadora social debe hacer una intervención que convine lo clínico con lo social. Por ejemplo, acompañar a los padres a la cita con el psiquiatra, pero después quedarse a hablar de cómo está la nevera, si hay comida, si el hijo tiene zapatos. Igualmente, debe hablar con el médico de la familia para que no solo recete, sino que pregunte por las condiciones de vida.
Para orientar: explica a la familia que el alcoholismo no es solo una falla moral ni solo una enfermedad, sino que tiene que ver con el cansancio, con la falta de oportunidades, con el barrio. Eso les ayuda a no sentirse monstruos. Orientarles a que no esperen que la pastilla haga milagros, sino que ellos tienen que cambiar cosas en su día a día.
Para tratar, la trabajadora social debe diseñar un plan que incluya tanto la parte médica (desintoxicación si es necesaria) como la parte social (mejorar la vivienda, conseguir un empleo digno, actividades recreativas, entre otros) Pero, sobre todo no delegar sobre los especialistas. Ella es la que conoce el barrio, la que puede hablar con la escuela, la que puede movilizar a los CDR.
También es importante precisar que en el alcoholismo no debe explicarse solo como una falla moral o un trastorno individual. Desde el trabajo social, resulta necesario comprenderlo como un fenómeno multidimensional donde concluyen factores familiares, comunitarios, laborales y culturales .Por eso la intervención no debe centrarse únicamente en el síntoma, sino en las relaciones sociales que la producen.
Plan de acción
En la primera semana el trabajador social debe conocer y crear confianza. Utiliza como red de apoyo los vecinos del barrio y los factores de la comunidad CDR, FMC, delegado, médico del consultorio de la familia, vecinos más cercanos, los cuales le sirvan de apoyo para realizar con eficiencia el siguiente plan de acción.
Visitar a la familia sin previo aviso (pero sin caer de sorpresa, mejor coordinar con un vecino) Levar algo para compartir, un café o unas galletas. No sacar libreta de notas al principio. Hablar con el padre por separado unos minutos, para que cada uno se sienta escuchado sin la presión del otro, preguntar abiertamente: ¿Cómo ven al adolescente? ¿Qué es lo que más le preocupa? Hablar con el adolescente a solas, en un lugar neutro (la azotea, el portal). Pregunta cómo se siente, sin juzgar. Decir que no está solo. Identificar una red de apoyo en el barrio, un vecino que pueda avisar si hay una crisis, un familiar cercano, el CDR. Se toman acuerdos, aunque parezcan pequeños, por ejemplo, una cena en familia, sin alcohol. Solo un día.
Segunda semana: realizar un diagnóstico familiar en forma de cronograma en una hoja con los padres presentes, en el que se pondrá quien de la familia bebía. Esto ayuda a desculpabilizar, porque en ocasiones es generativo. Preguntar por el trabajo y ¿Cómo afecta el ánimo? Ayudarles a verbalizar la Alienación ¿Sienten que su trabajo les gusta? ¿O solo lo hacen por necesidad? Preguntar por las reglas de la casa. Si no hay ninguna, proponer crear tres muy sencillas (ejemplo: nada de alcohol antes de las 5 pm, el adolescente tiene que hacer una tarea al día, los fines de semana se duerme antes de las 12). Evaluar el estado del adolescente: hablar con la escuela, pedir que le pongan un tutor, ver si necesita apoyo psicológico, pero sin etiquetarlo.
Tercera a sexta semana: pregunta: intervenir paso a paso. Ayudar a gestionar recursos concretos: realizar una caracterización social dirigida a vivienda donde se explique la situación de la misma.
Si falta empleo, averiguar casos de oficios o cooperativas. Si el adolescente se está quedando atrás, buscar un estudiante avanzado que lo ayude. Crear una actividad semanal positiva que no gire en torno al alcohol: por ejemplo, un domingo de reparaciones en la casa, o una tarde viendo series o películas en familias. Seguir los acuerdos en una hoja de registro muy simple como un calendario y se van marcando las tareas cumplidas o no. Es para ir visualizando el progreso. Realizar un seguimiento por semanas durante 30 minutos preguntar ¿Qué salió bien?, ¿Qué salió mal?, ¿Qué podemos cambiar?
Pasos a largo plazo (2 o 3 meses) Evaluar si el consumo ha disminuido (no se espera cero, pero si una reducción notable, por ejemplo, de beber todos los días a beber solo los fines de semana. Reforzar lo positivo y cuando logren algo, celebrarlo. Puede ser con un helado, con una salida, o simplemente con palabras sinceras. Incorporar al adolescente a actividades deportivas, culturales círculos de interés que lo motiven a crecer en su propio espacio, Ir reduciendo las visitas por quincenas, luego mensuales, pero dejando claro que la trabajadora social estará disponible.
Este plan de acción será hablado con otros colegas que apoyen desde la dirección de trabajo social y el apoyo del grupo de prevención de la circunscripción para un mayor apoyo, ya que a veces las familias recaen, a veces no quieren cambiar. Lo importante es haber intentado un cambio, una transformación desde el trabajo social.
Para cerrar el informe, se realizará un análisis para explicar cómo, resultan tan importantes los fundamentos estudiados.
No es teoría por teoría, sino herramientas para no equivocarnos en la práctica. Cuando entendamos que algunas familias no tienen normas claras, no porque sean desordenados, sino porque la sociedad cambió y las viejas reglas ya no sirven, dejaremos de verlos como culpables. Como trabajadores sociales la anomia enseña que la primera tarea no es regañar ni imponer, sino ayudar a construir acuerdos pequeños, alcanzables. En nuestra formación esto es clave: no podemos llegar a la casa y decir lo que deben hacer sin antes preguntarnos que referentes perdió esa familia.
La anomia nos hace más humildes y más prácticos al mismo tiempo. Estos padres no beben porque sean malos, lo hacen porque su trabajo no los realiza, porque son piezas de una máquina que no controlan. Como trabajadores sociales entender la alineación impide caer en el discurso y ser directos, obliga a preguntar por las condiciones laborales, por el salario, el cansancio. En nuestra formación, esto enseña que no podemos separar el problema del alcohol, del empleo. Si logramos que el padre se sienta útil en algo, aunque sea arreglando una silla en su casa, ya estamos combatiendo la alineación. El contexto histórico social en que vivimos nos exige ser eficientes todo el tiempo, y estos padres están agotados de tanto cálculo, tanta cola, tanto horario. El alcohol es su escape irracional. Como trabajadores sociales entender la racionalización ayuda a no aceptar ese escape, sino a ofrecer alternativas menos destructivas.
En nuestra formación aprendimos que no se trata de decir no bebas, sino de ayudar a encontrar otros paréntesis. Estos padres han perdido la esperanza, no creen que nada vaya a cambiar. El alcohol es un anestésico contra el vacío. Como trabajadores sociales, enfrentar el nihilismo significa no dar discursos motivacionales vacíos, sino construir pequeños logros concretos. Si logramos que el adolescente no falte a la escuela una semana entera, esa sería una victoria contra el nihilismo.
Nos enseña a no esperar grandes transformaciones, sino a valorar los pasitos. Y también, a no frustrarnos cuando la familia recae, porque el nihilismo no se vence de un día para otro. Como trabajadores sociales, resistir la psicologización significa que no vamos a derivar a esta familia al psiquiatra y lavarnos las manos. Vamos a acompañarlos a hablar con la escuela, a gestionar una mejora en la vivienda si hace falta.
Ha sido un antes y un después, entenderemos que nuestra profesión no es una rama de la psicología, es una disciplina con su propia mirada, que pone lo social en el centro. Y eso en nuestro país, con tantas carencias materiales, es más necesario que nunca.
CONCLUSIONES
La anomia explica la desorientación normativa de la familia, la alienación revela el vacío laboral que empuja al consumo, la racionalización muestra el agobio de la eficiencia constante, el nihilismo expresa la perdida de sentido y la psicologizacion es una trampa que el Trabajador Social debe evitar.
Estos temas ayudan a ver estas familias, no como alcohólicos, sino como personas que sufren, que han perdido el rumbo, que están atrapadas en un trabajo que no las llena, agobiadas por la presión de ser diferentes, vacías de sentido y encima, etiquetadas como enfermas. Si se realiza bien el trabajo, estaremos devolviendo un poco de orden, con apoyo de la sociología como base para todo el proceso.
Los conceptos de anomia, alienación y racionalización permiten comprender de manera más profunda la situación de esta familia, que muestran que el alcoholismo no surge en el vacío, sino en un contexto de desorganización normativa, insatisfacción laboral y presión social acumulada. Desde esta perspectiva, el trabajo social no debe limitarse a etiquetar o individualizar el problema, sino a intervenir sobre los vínculos, rutinas el entorno comunitario y las condiciones de vida que sostienen la crisis familiar. Comprender la dimensión social del conflicto permite diseñar acciones más humanas, más integrales y más eficaces.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Durkheim E. (2001). Las reglas del método sociológico
Durkheim E. (2016). El suicidio. Editorial Equilibre
Sarmiento, J (Coord.) (2018). Teoría social y Trabajo social
Norbert Elías (2021) Tendencias para entender la modernidad.
Herbert Spencer (1850). Cambios sociales
H. Palma y R. Pardo (2021) Epistemología de las ciencias sociales