UNIVERSIDAD DE ARTEMISAJULIO DÍAZ GONZÁLEZ
CENTRO UNIVERSITARIO MUNICIPIO BAUTA
CARRERA: TRABAJO SOCIAL
Asignatura: Fundamentos Sociológicos para el trabajo social.
Autora: Bárbara Baloy Pérez
Año: 2025-2026
No hay problemas privados que no sean también problemas públicos. C. Wright Mills
Introducción
Cuando se empieza a estudiar Trabajo Social, se tiende a considerar que los problemas de las familias son solo problemas de cada quien. Pero, al avanzar en la sociología, se descubre que eso no es así. La sociología enseña que lo que ocurre puertas adentro de una casa muchas veces es el reflejo de procesos sociales más amplios la desigualdad, la falta de oportunidades, la organización del trabajo, o incluso las representaciones sociales sobre la maternidad o la adolescencia. Como señala el sociólogo C. Wright Mills (2000), la imaginación sociológica permite conectar las inquietudes personales con los problemas públicos.
Desde esta perspectiva, también resulta clave comprender que la realidad social no es algo dado de manera natural, sino que se construye socialmente. El enfoque constructivista permite entender cómo significados como ser mujer, ser madre o ser adolescente son productos de procesos históricos y culturales, y no verdades fijas. A su vez, la teoría crítica invita a cuestionar las relaciones de poder que atraviesan estas construcciones, evidenciando cómo ciertas desigualdades se reproducen y legitiman en la vida cotidiana.
Por otra parte, el estructural funcionalismo aporta una mirada complementaria al analizar cómo la familia, la escuela y otras instituciones cumplen funciones dentro del sistema social, pero también cómo pueden fallar en contextos, generando disfunciones como el embarazo adolescente o la sobrecarga de las madres trabajadoras.
En este seminario se analiza una situación que, lamentablemente, es más común de lo que parece. Se trata de una familia donde vive una madre de unos 35 años, sola, porque el padre de sus hijas se fue y nunca se hizo responsable. Tiene una niña de 8 años que asiste a la escuela primaria, en ocasiones sin merienda. Su hija adolescente de 14 años, para sorpresa y desesperación de todos, está embarazada de tres meses. Los recursos económicos son muy bajos, la madre trabaja en un centro estatal con un salario básico mínimo que no alcanza. Viven en una vivienda en estado constructivo deficiente. No tienen acceso a divisas, remesas estables ni contactos en el exterior. Esta historia no es un caso aislado. A pesar de los logros sociales de la Revolución (educación y salud gratuitas, programas de atención a la mujer), el embarazo en la adolescencia sigue siendo una realidad dolorosa y frecuente, en especial en los sectores más empobrecidos (Colectivo de autores, 2019).
¿Qué tiene que ver todo esto con la sociología? Mucho. Porque si el trabajador social solo mirara el problema desde la superficie, podría caer en explicaciones simplistas, esa adolescente era irresponsable, esa madre no la supo criar, faltaban valores. Eso es lo que se denominan explicaciones individualizantes, poner toda la culpa en las personas y no ver el contexto. La sociología invita a hacer lo contrario, a preguntar por las causas sociales, por las estructuras que empujan a las personas a tomar decisiones que a simple vista parecieran errores, pero que en realidad son respuestas adaptativas a un entorno lleno de limitaciones.
La perspectiva sociológica enseña que los problemas más íntimos (el embarazo de una hija, la angustia de una madre, la posible deserción escolar) están conectados con procesos enormes, la organización de la economía, las ideas dominantes sobre ser mujer y ser hombre, las políticas públicas, la herencia de la pobreza, la cultura del consumo y la exclusión. Por eso, para abordar este caso no basta con dar un paquete de leche, gestionar una cita médica o impartir una charla de valores. Es necesario entender las fuerzas sociales que están actuando.
En el presente seminario se abordan tres grandes temas que sirven como lentes para mirar a esta familia. El primer tema habla de los orígenes de la sociología, qué es la modernidad y cómo se miran los problemas sociales desde distintos niveles. El segundo tema es más de diagnóstico, qué le pasa a la sociedad moderna; se aborda la explotación, la alienación, la anomia y el nihilismo. El tercer tema es el más práctico, cómo se lleva todo esto con el Trabajo Social.
Para diseñar un plan de acción para la intervención desde una óptica estructural, superando explicaciones individualizantes y el sentido común, y favoreciendo un acompañamiento profundo y respetuoso, la autora de este trabajo se propone como objetivo: desarrollar una mirada sociológica crítica sobre las tensiones familiares en un hogar con una madre trabajadora, una hija pequeña y una adolescente embarazada.
Desarrollo:
El presente trabajo se inscribe en un estudio de tipo cualitativo, basado en la revisión bibliográfica y el análisis de caso único. Se utilizó el método de estudio de caso con enfoque sociológico comprensivo, apoyado en la observación documental y la revisión crítica de los fundamentos teóricos de la sociología clásica (Marx, Durkheim, Weber) y su aplicación al contexto cubano contemporáneo. No se realizó trabajo de campo directo para este seminario, sino que se parte de un caso reconstruido a partir de la práctica pre profesional y de fuentes secundarias (informes de la Federación de Mujeres Cubanas, del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, así como publicaciones científicas sobre embarazo adolescente en Cuba)
A los enfoques clásicos ya abordados, se suma la perspectiva del estructural funcionalismo, que entendía la sociedad como un sistema compuesto por partes interdependientes. Desde esta mirada, la familia cumple funciones esenciales como la socialización y el apoyo emocional. Sin embargo, en contextos de precariedad, estas funciones se ven debilitadas. En el caso analizado, la sobrecarga de la madre y la ausencia del padre afectan la estabilidad del núcleo familiar, generando tensiones que impactan directamente en el desarrollo de las hijas.
Asimismo, el constructivismo social permite comprender que las decisiones de la adolescente no pueden analizarse solo como actos individuales, sino como el resultado de significados socialmente construidos. La idea de que la maternidad otorga reconocimiento o identidad no surge de manera espontánea, sino que se produce en un entorno donde otras alternativas (como la realización profesional o educativa) aparecen limitadas o poco accesibles.
Por su parte, la teoría crítica, especialmente desde la tradición de la Escuela de Frankfurt, aporta herramientas para analizar cómo las estructuras de poder y las desigualdades se reproducen incluso en contextos donde existen políticas sociales. Aunque el Estado cubano garantiza derechos básicos, persisten desigualdades materiales y simbólicas que afectan de manera diferenciada a sectores vulnerables. En este sentido, el caso refleja no solo una situación individual, sino una manifestación de contradicciones sociales más amplias que requieren no solo intervención asistencial, sino también cuestionamiento estructural.
Familia residente en el municipio Bauta, Artemisa. Se trata de un hogar monoparental con jefe de familia de 35 años, trabajadora de un centro estatal con salario mínimo. Sus dos hijas, una de 8 años, escolarizada en primaria; otra de 14 años, estudiante de secundaria básica, quien cursa un embarazo de tres meses al momento de la primera observación. El padre de las menores está ausente y no contribuye económicamente. La vivienda se encuentra en estado constructivo deficiente (paredes de ladrillo sin revestir, piso de cemento sin acabar, techo con filtraciones). La familia no recibe remesas ni divisas. Este caso fue seleccionado por ser representativo de una problemática más amplia, visible en los registros del Centro Universitario Municipal y los policlínicos de la zona, el embarazo en la adolescencia asociado a carencias económicas y redes de apoyo frágiles. Aunque no es un paciente clínico, se trata de un núcleo familiar en situación de vulnerabilidad social que requiere intervención de Trabajo Social.
La sociología no nació por casualidad. Nació en el siglo XIX, en Europa, cuando el mundo se transformaba a una velocidad nunca vista. Dos grandes revoluciones cambiaron todo, la Revolución Industrial (máquinas, fábricas, trenes, proletariado, pobreza masiva) y la Revolución Francesa (derribo de monarquías, proclamación de derechos, individualismo, debilitamiento de comunidades tradicionales). Los primeros sociólogos (Comte, Marx, Durkheim, Weber) vieron que las viejas explicaciones (Dios, la tradición, el rey) ya no servían para entender el mundo nuevo. Así que inventaron la sociología, una ciencia que estudia los hechos sociales, las regularidades, las causas colectivas. Esto es clave porque el embarazo de una adolescente en Cuba hoy no se entiende sin mirar esas grandes transformaciones. La modernidad llegó a Cuba con el azúcar, el ferrocarril, la abolición de la esclavitud, después la república neocolonial, luego la Revolución de 1959, y hoy un período de crisis y ajustes (Nogueira, 2020). En cada etapa, las familias pobres han sufrido y se han adaptado.
En esta familia, la modernidad se manifiesta de forma contradictoria, lado positivo (la adolescente va a la escuela, tiene acceso a consultorio médico, puede comprar anticonceptivos, tiene derechos reconocidos) y lado negativo (el consultorio a veces carece de métodos anticonceptivos, las redes sociales le muestran modelos de vida imposibles que acentúan su frustración). La modernidad le promete a esa adolescente libertad, pero le da muy pocas opciones reales. El embarazo, paradójicamente, puede ser una forma de obtener algo de reconocimiento social: ya soy mujer, tengo algo mío, me van a respetar más. Esa es una lectura trágica pero necesaria para entender.
Suelen distinguirse dos grandes niveles de análisis. El nivel micro sociológico que atiende las relaciones cara a cara, cómo la madre le habla a su hija adolescente, si hay complicidad o violencia, cómo la adolescente se relaciona con el muchacho que la dejó embarazada, si la niña de 8 años juega o imita conductas. El nivel macro sociológico que mira las estructuras grandes, el salario mínimo en Cuba, los subsidios para madres solas, la ley sobre interrupción del embarazo, el funcionamiento de la escuela, el desempleo, la cultura machista que presiona a las adolescentes a ser madres.
El error común sería quedarse solo en lo micro, por ejemplo, decir la madre es negligente, por eso la hija se embarazó. La sociología sostiene que esa negligencia, si existe, también es producto de la fatiga, la pobreza, la falta de redes, la depresión generada por la lucha diaria por sobrevivir. Y la decisión de la adolescente de tener relaciones sexuales sin protección no es solo falta de educación, sino también falta de horizontes atractivos (¿para qué cuidarme si igual no voy a ser nadie?). El trabajador social necesita ambos niveles: entender las estructuras que oprimen pero también que las personas toman decisiones y tienen emociones.
Marx (1975) planteó que en el capitalismo el trabajador no es dueño de lo que produce; trabaja muchas horas pero el patrón se queda con la mayor parte del valor. A eso lo llamó explotación. Además, el trabajador se siente alienado, extraño a su trabajo, a sí mismo, a los demás y a su propia esencia humana. En esta familia se observa que la madre, con su salario precario en un centro estatal, está siendo explotada (su trabajo genera riqueza social pero ella recibe muy poco). Está alienada porque su trabajo no la realiza, solo la agota. Llega a casa sin energía para acompañar a sus hijos. La adolescente, al embarazarse y probablemente dejar la escuela, se prepara para ser también una trabajadora explotada y alienada. Su cuerpo ha sido explotado simbólicamente por una cultura que le dice que su valor está en ser madre y cuidadora, no en estudiar o trabajar fuera. Incluso la niña de 8 años, si crece viendo que estudiar no le garantiza nada, puede internalizar la alienación desde pequeña. Una intervención desde Marx no puede cambiar el capitalismo mundial, pero sí ayudar a la madre y a la adolescente a tomar conciencia (concientización) de que su sufrimiento no es culpa suya, sino que tiene causas sociales.
Weber (2002) observó que la modernidad tiende a racionalizarlo todo, se calcula la eficiencia, se crean reglas escritas, la vida se burocratiza. Esto tiene ventajas (un hospital o un banco funcionan), pero también desventajas, se pierde el calor humano, el encanto, la espontaneidad. Weber habló de desencantamiento del mundo. En el caso de esta familia, la racionalización se expresa cuando la madre va a pedir ayuda al Consejo Popular o a Trabajo Social y le piden documentos, certificados, comprobantes; pierde horas haciendo colas, explicando su historia a diferentes funcionarios. Eso es agotador y humillante. Cuando la adolescente va al consultorio médico, puede sentirse tratada como un caso o un expediente, no como una persona con miedos y deseos. La escuela, con sus horarios rígidos y planes de estudio estandarizados, a veces no deja espacio para las necesidades particulares de una adolescente embarazada. El trabajador social puede amortiguar esa racionalización fría, hacer de puente, acompañar a la familia en los trámites, explicarles los procedimientos con paciencia, y presionar para que las instituciones sean más flexibles y humanas (por ejemplo, pidiendo que la adolescente pueda estudiar desde casa o en horario especial).
Durkheim (2001) usó el concepto de anomia para describir situaciones en las que las normas sociales se debilitan o desaparecen. En su libro El suicidio, mostró que en épocas de crisis económica o de cambios bruscos, la gente se siente perdida, sin referentes, y eso aumenta el sufrimiento. En Cuba se han vivido cambios enormes, el fin del campo socialista europeo, el Período Especial de los 90, la actual crisis con escasez de combustible, inflación, migración masiva. Muchas familias han visto cómo las reglas del juego cambian constantemente. Para esta familia, la madre creció con cierta estabilidad (el estado lo proveía casi todo); ahora tiene que rebuscárselas y no sabe bien cómo. Las viejas recetas (estudiar, trabajar en una fábrica) ya no funcionan igual. La adolescente no tiene modelos claros de buena mujer; por un lado los medios y las redes le muestran mujeres independientes y exitosas, por otro lado su entorno le dice que sea madre y esposa sumisa. El embarazo puede ser una respuesta anómica, al no tener un proyecto claro, tener un hijo le da identidad y un rol definido (ahora soy mamá). Es una solución desesperada al vacío normativo. La intervención debe ayudar a reconstruir normas y proyectos colectivos, no imponer desde arriba sino facilitar que la adolescente, con otras jóvenes, discuta qué vale la pena, estudiar, trabajar, tener hijos más tarde, viajar, cuidarse. Estas perspectivas enriquecen el análisis ya realizado desde Marx, Weber y Durkheim, permitiendo una comprensión más compleja del caso, donde no solo se observan procesos de explotación, racionalización y anomia, sino también la construcción social de significados y la reproducción de relaciones de poder.
La psicologizacion es una trampa muy común, consiste en explicar problemas sociales como si fueran problemas psicológicos individuales. Por ejemplo: esa adolescente es promiscua (en lugar de ver falta de educación sexual y pobreza); esa madre es depresiva (en lugar de ver la opresión de ser mujer sola y pobre); esa niña es hiperactiva (en lugar de ver el maltrato ambiental). La psicologizacion despista y hace buscar terapias individuales cuando lo que se necesitan son políticas sociales. El nihilismo, por su parte, es la pérdida de sentido, la sensación de que nada vale la pena. Un joven nihilista piensa: ¿Para qué cuidarme si igual voy a terminar en el mismo barrio?. Una madre nihilista: Da lo mismo que me esfuerce, siempre voy a estar igual. En esta familia se observa riesgo de psicologizacion si el personal de salud o la vecina dice esa muchacha está loca o esa madre es una desgraciada. Se vería nihilismo en la adolescente si dice me da igual, ya estoy embarazada, total mi vida no vale nada. El trabajador social debe resistir a la psicologizacion y combatir el nihilismo, no negando el sufrimiento psicológico sino mostrando que ese sufrimiento tiene causas que pueden cambiarse colectivamente, por ejemplo organizando actividades que generen sentido, un taller de arte, un huerto comunitario, un grupo de apoyo mutuo.
El Trabajo Social nació a finales del siglo XIX muy ligado a la caridad religiosa y a la beneficencia, pero en el siglo XX, con autores como Mary Richmond, se fue profesionalizando. En Cuba, tras el triunfo de la Revolución, el Trabajo Social tuvo una evolución particular, enfatizando la masividad, la prevención, la vinculación con la salud y la educación. Sin embargo, a veces ha predominado un enfoque muy práctico y poco teórico. La teoría sociológica es indispensable porque da distancia crítica (permite ver más allá del caso inmediato); ayuda a no culpabilizar a las víctimas (entiende que las estructuras oprimen); orienta hacia intervenciones transformadoras (no solo paliar, sino cambiar las condiciones que generan el problema); y protege del agotamiento profesional (si se cree que todo depende del profesional, se quema; si se entienden los límites estructurales, se actúa con más realismo y se busca alianzas).
Sin teoría sociológica, el Trabajo Social se vuelve asistencialismo o psicologismo barato. Con ella, se puede ser agente de cambio, no solo un parche. Este seminario confirma que la carrera necesita pensamiento crítico, y que la universidad ofrece herramientas para no ser ingenua pero tampoco fría.
Se propone un plan de acción con cinco pasos concretos.
1. Diagnóstico compartida (primera semana): Entrevistar a la madre y a la adolescente por separado y juntas, escuchando sus versiones sin aplicarle encuestas rígidas. Usar la mirada sociológica para validar sus experiencias: Entiendo que es muy difícil salir adelante con un sueldo bajo, no es que ustedes no se esfuercen. Esto combate la psicologizacion y reconoce las condiciones estructurales.
2. Gestión de derechos (primer mes): Verificar si el padre de las niñas puede ser localizado para pensión alimenticia (con cuidado, sin poner en riesgo a nadie). Si la adolescente no quiere decir quién es el padre, respetar su decisión por ahora pero explicarle opciones legales. Esta gestión ataca la explotación material y la carencia de ingresos.
3. Redes de apoyo (segundo mes): Buscar un programa de jóvenes embarazadas que ofrezca contención sin juzgar. Realizar una caracterización de la situación del núcleo y presentarla en el Ministerio de Trabajo para solicitar una posible ayuda económica. Crear o fortalecer redes vecinales y comunitarias para contrarrestar la anomia.
4. Acompañamiento psicosocial (durante todo el proceso). Desde la escucha, pero no desde la psicologizacion. Trabajar la autoestima de la adolescente sin reducir todo a eso; ayudarla a pensar en su proyecto de vida después del parto (terminar la escuela, cuidar al bebé). Incluir a la niña de 8 años, que seguramente sufre y no sabe expresarlo. Fomentar actividades que generen sentido (talleres, grupos de madres adolescentes) para combatir el nihilismo.
5. Abogacía y comunidad (mediano plazo): Con el permiso de la familia, usar el caso (anonimizado) para visibilizar en la escuela, el centro de salud o la municipalidad la necesidad de políticas más integrales, educación sexual desde edades tempranas, apoyo a madres solas, flexibilidad horaria en las escuelas para adolescentes embarazadas. Esto es hacer trabajo social comunitario, no solo caso por caso, y conecta lo micro con lo macro.
Los diagnósticos de explotación, anomia y nihilismo resultan indispensables para evitar intervenciones reduccionistas. Sin ellos, el acompañamiento tiende a derivar en asistencialismo (atender urgencias materiales sin cuestionar las causas) o en psicologismo moralizante (culpar a la madre por no saber contener o a la adolescente por su supuesta irresponsabilidad). Por el contrario, cuando el profesional reconoce que la tensión familiar es un síntoma de desigualdades estructurales, su intervención se vuelve más respetuosa y profunda, ya no se trata de corregir conductas individuales, sino de acompañar a las personas en la identificación de las fuerzas sociales que las atraviesan, validando sus experiencias sin estigmatizarlas. El respeto genuino nace, precisamente, de esa capacidad de no reducir el sufrimiento a una falla personal.
La relación entre Trabajo Social y sociología es vital para cualquier práctica transformadora. Sin teoría sociológica, el Trabajo Social se vacía de capacidad crítica y se convierte en gestión de carencias o en ajuste subjetivo a normas dominantes. Con ella, en cambio, se abre la posibilidad de un acompañamiento que, sin ser ingenuo ni frío, sostenga a la familia en su complejidad real, reconociendo tanto las opresiones estructurales como la agencia de sus miembros. Este seminario confirma que una intervención con mirada sociológica no busca dar respuestas rápidas ni recetas universales, sino generar condiciones para que la madre trabajadora y la adolescente embarazada puedan construir, desde su propio contexto, formas de vida más autónomas y dignas.
Para finalizar, el plan de acción propuesto (diagnóstico compartido, gestión de derechos, redes de apoyo, acompañamiento psicosocial y abogacía comunitaria) materializa esa mirada sociológica. No se limita a paliar urgencias, sino que articula lo micro (las relaciones madre-adolescente) con lo macro (las políticas de empleo, género y salud). Así, el Trabajo Social se convierte en una práctica situada que, sin desconocer las opresiones estructurales, reconoce la capacidad de agencia de esta familia.
Conclusiones:
La sociología permite comprender que las tensiones en un hogar con madre trabajadora, hija pequeña y adolescente embarazada no constituyen un fracaso privado ni una disfunción aislada, sino la expresión concreta de contradicciones estructurales de la modernidad tardía. Los conceptos de individualización, riesgo, explotación cotidiana, alienación, anomia y nihilismo ayudan a revelar que el cansancio de la madre por la jornada de trabajo y la rebeldía de la adolescente frente al embarazo no planificado son productos de procesos sociales más amplios, precarización del trabajo, ausencia de redes comunitarias de apoyo, mandatos de género contradictorios. A ello se suma que, desde el constructivismo, estas realidades están mediadas por significados socialmente construidos que influyen en las decisiones y expectativas de vida de los sujetos. Desde la teoría crítica, se evidencia que dichas condiciones no son neutrales, sino resultado de relaciones de poder que perpetúan desigualdades. Por su parte, el estructural funcionalismo permite identificar cómo las fallas en instituciones clave como la familia o la escuela contribuyen a la reproducción de estas problemáticas.
Una mirada sociológica crítica exige suspender el juicio moral y preguntarse por las estructuras que producen ese agotamiento y esa vulnerabilidad, integrando distintos enfoques teóricos para lograr una comprensión más profunda y una intervención más efectiva y transformadora.
· Colectivo de autores (2019). Embarazo adolescente en Cuba: análisis sociológico y propuestas de intervención. Revista Cubana de Salud Pública, vol. 45, no. 2. Disponible en: http://scielo.sld.cu (consultado en 2025).
· Durkheim, É. (2001). El suicidio. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. (Capítulo sobre anomia).
· Federación de Mujeres Cubanas (2021). Informe sobre atención a la adolescencia y juventud. La Habana: FMC.
· Marx, K. (1975). Manuscritos económicos y filosóficos de 1844. La Habana: Editorial Pueblo y Educación. (Fragmentos sobre alienación y trabajo enajenado).
· Mills, C. W. (2000). La imaginación sociológica. México: Fondo de Cultura Económica.
· Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (2022). Normas y procedimientos para la asistencia social en Cuba. Gaceta Oficial.
· Nogueira, S. (2020). Modernidad, capitalismo y crisis: lecturas desde el Sur. La Habana: Editorial Ciencias Sociales.
· Romero, J. (2018). Sociología para trabajadores sociales. Santa Clara: Editorial Feijoo, Universidad Central de Las Villas.
· Weber, M. (2002). La ética protestante y el espíritu del capitalismo. La Habana: Editorial Félix Varela. (Conceptos de racionalización y desencantamiento).
Anexo