1. ¿Cómo podemos, desde nuestra práctica diaria, sistematizar nuestras experiencias para enriquecer el Trabajo Social cubano?
La sistematización conaiste en mirar lo que hacemos, cómo lo hacemos y qué resultados obtenemos, para poder repetir aciertos y corregir errores. Lo primero es el registro diario o semanal de las intervenciones clave, anotando no solo las acciones realizadas sino también las emociones, dudas y contextos que las rodearon. Debemos reconocer ademas la importancia del intercambio horizontal entre colegas y compañeros d trabajo, donde cada quien comparte una "lección aprendida" (algo que le funcionó o le fracasó).
Desde mi perspectivas estas prácticas, realizadas con sistematicidad, enriquecen el saber colectivo del Trabajo Social cubano porque parten de nuestra realidad concreta y son directamente aplicables.
2. ¿Podemos realmente intervenir sin investigar? ¿Qué riesgos corremos?
No podemos. La investigación es el pilar que distingue una intervención profesional de una ayuda improvisada. Investigar no significa necesariamente aplicar largos cuestionarios o demorar meses; en nuestro contexto, investigar implica al menos tres acciones mínimas: observar directamente las condiciones de vida y las dinámicas familiares, entrevistar en profundidad a la persona o familia implicada, y contrastar información con fuentes secundarias (escuela, médico de familia, vecinos, organizaciones comunitarias).
Los riesgos de intervenir sin investigar son graves, ya que resolvemos síntomas y no causas, por lo que el problema se repite una y otra vez, desgastando recursos y credibilidad. Podemos imponer soluciones que no responden a los deseos o necesidades reales de las personas, violando el principio de autodeterminación. Ademas de que el trabajador se frustra y desmotiva al ver que sus intervenciones no generan cambios sostenibles.Por ello, propongo como práctica innegociable: antes de cualquier plan de acción, dedicar al menos dos encuentros o visitas exclusivamente a la investigación (escucha activa, observación y recogida de datos).
3. ¿Cómo manejar la tensión entre la "urgencia" de la práctica y el "tiempo" que requiere el método?
Esta tensión es la más cotidiana y desafiante. En nuestro país, las familias llegan con necesidades sentidas que reclaman respuestas inmediatas, mientras que el método exige diagnóstico, planificación, ejecución y evaluación. He aprendido a manejarla diferenciando tres tipos de situaciones y aplicando una estrategia distinta a cada una: cuando hay riesgo inminente de daño a la vida o la integridad física, actúo de inmediato con los recursos disponibles, sin esperar a completar el método. Pero una vez contenida la urgencia, retomo el caso con todo el rigor metodológico para abordar las causas. Situaciones que generan grave malestar o vulnerabilidad pero no riesgo inmediato de muerte (pérdida de empleo, desalojo inminente, enfermedad crónica sin tratamiento, aqui comprimo el método y en vez de tres semanas de diagnóstico, hago tres visitas en tres días, pero sin eliminar ninguna fase. La ulimq pero no menos importante, cuando la persona, la familia o incluso los propios jefes nos exigen respuestas rápidas para problemas que no lo son, pues aplico el método en su tiempo real, dedicando un esfuerzo extra a gestionar expectativas y explicar por qué ciertos procesos no pueden acelerarse sin dañar la calidad de la intervención.
La regla de oro es nunca sacrifico el método completamente, solo lo comprimo o lo pospongo en el tiempo en función del riesgo. Si trabajo solo con urgencias, me convierto en bombero asistencial. Si trabajo solo con método, me vuelvo irrelevante para la vida de la gente.
4. ¿Qué hacer cuando el principio de autodeterminación de la persona choca con lo que nosotros consideramos "su bien"?
Este es el dilema ético más profundo de nuestra profesión. El principio de autodeterminación establece que la persona tiene derecho a tomar decisiones sobre su propia vida, incluso si nosotros, desde nuestra formación, consideramos que esas decisiones no son las óptimas. Sin embargo, ese derecho no es absoluto: tiene límites cuando la persona no está en condiciones de decidir (menores de edad, personas con discapacidad cognitiva severa, crisis psicóticas) o cuando su decisión implica un riesgo grave e inminente para sí misma o terceros.
Fuera de esos límites, nuestra tarea no es imponer nuestro "bien", sino acompañar, informar y ampliar el abanico de opciones. Debemos reconocer nuestros propios sesgos ya que nuestra opinion personal no puede influir en lo que creemos q es "su bien", tenemos que asegurar que la persona tenga información completa y comprensible sobre las consecuencias previsibles de cada opción, asi como explorar alternativas intermedias que la persona no haya considerado y respetar la decisión final aunque no coincida con la nuestra, acompañado en las consecuencias que esta pueda traer en un futuro. Además de documentar el proceso para dejar constancia de que la decisión fue informada y libre.