Actividad #1. Medio Ambiente

Actividad #1. Medio Ambiente

de Frank Abel Soto González -
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Después de revisar los documentos de la bibliografía para el curso, se toma, (Guías prácticas en educación ambiental local); para asumir una postura clara, y definir cada concepto desde la fuente designada:

El Medio Ambiente (MA):

El Medio Ambiente no es, como erróneamente se cree, sinónimo de naturaleza. Coincido plenamente con la definición surgida de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Humano (Estocolmo, 1972), citada en la guía (pág. 12), que lo define como “el conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos y sociales capaces de causar efectos directos o indirectos, en un plazo corto o largo, sobre los seres vivos y las actividades humanas”. Es decir, el MA es un sistema complejo (pág. 29) que integra lo natural, lo social y al propio ser humano, así como las interrelaciones entre todos ellos. Por lo tanto, el MA incluye nuestras ciudades, nuestra cultura, nuestra economía y nuestras actividades, como el deporte. Hablar de MA es hablar del entorno que construimos y que nos construye.

La Educación Ambiental (EA):

La Educación Ambiental es el proceso que nos permite entender esa complejidad. No se trata de simples manualidades con materiales reciclados o de salidas al campo para conocer la flora y fauna, aunque puedan ser parte de ella. Como bien señala la Carta de Belgrado (1975), referente indiscutible recogido en la guía (pág. 14), la EA busca que la población “adquiera conciencia del medio ambiente y se interese por él y por sus problemas conexos y que cuente con los conocimientos, aptitudes, actitudes, motivaciones y deseos necesarios para trabajar en la búsqueda de soluciones”. La guía profundiza en esto presentando los tres niveles de complejidad de la EA (págs. 18-20). Mi posición es que una verdadera EA debe aspirar al Nivel 3: "Educación para el cambio social". Este nivel, a diferencia de los que se quedan en el mero conocimiento (Nivel 1) o en actitudes proteccionistas sin analizar las causas (Nivel 2), busca que las personas sean capaces de analizar críticamente la raíz de los problemas socioambientales y participar activamente en su transformación.

Teniendo en cuenta los conceptos antes mencionados, mi postura es clara: El MA es el "qué" (el sistema complejo en el que vivimos), y la EA es el "cómo" (el proceso educativo y crítico para aprender a vivir de manera responsable y sostenible en él). La EA nos da las herramientas para actuar sobre el MA. Confundirlos o reducirlos a lo naturalista es limitar el enorme potencial transformador de la educación.

Es vital señalar que confundir MA con EA no es un simple error semántico, sino que tiene consecuencias prácticas en la calidad de los proyectos educativos. Como advierte la Guía de Buenas Prácticas (pág. 13), reducir el Medio Ambiente a la 'naturaleza' lleva a prácticas de Educación Ambiental ancladas en un 'inocuo taller de manualidades con tetrabrik' en lugar de abordar el 'análisis crítico de un problema de residuos' para promover un cambio de hábitos. Esta 'trampa del naturalismo' (como podríamos llamarla) limita la EA a sus niveles más básicos (Nivel 1 y 2), impidiendo que cumpla su función transformadora.

Por lo tanto, asumir una postura correcta implica entender que la EA no es una simple herramienta de información, sino un acto político y pedagógico para el cambio social. Esta idea, consagrada en el Tratado de Educación Ambiental para Sociedades Sustentables (Foro Global, Río 92) y recogida en la guía (pág. 17), supera la visión proteccionista de 'ayudar al medio ambiente'. El objetivo final de la EA, desde mi punto de vista, es capacitarnos para cuestionar nuestro modelo de desarrollo y consumo, y construir alternativas más justas y sostenibles. No se trata de proteger un 'santuario' natural externo a nosotros, sino de transformar el sistema del cual formamos parte.

Como entrenador deportivo, mi "aula" es el terreno de béisbol, un espacio que forma parte del Medio Ambiente (MA) de mis jugadores. Mi objetivo no es solo enseñarles a batear o lanzar, sino a ser ciudadanos responsables, y la Educación Ambiental (EA) es una herramienta perfecta para ello. Aplicando los principios de la guía, busco alcanzar el Nivel 3 de complejidad, adaptado a su edad.

El campo de juego como un sistema:

   · Actividad: Empezamos los entrenamientos con un "diagnóstico" de nuestro campo. Con los niños, identificamos "problemas": ¿Hay basura? ¿El agua de las duchas o los bebederos se desperdicia? ¿Las áreas verdes alrededor del campo están cuidadas o dañadas? Ellos son los "agentes clave” de este micro-territorio.

    · Actividad: Al encontrar una botella de plástico en el campo, no nos limitamos a decir "hay que reciclar" (Nivel 2, educación para el medio). Vamos más allá: ¿Por qué está ahí? ¿Quién la dejó? ¿Qué podemos hacer para que esto no pase? Esto lleva a acciones como diseñar carteles, hablar con otros equipos o pedir al ayuntamiento más papeleras. Se convierten en agentes de cambio en su propio espacio.

     · Actividad: Implementamos una regla de equipo: "Cuidamos nuestra casa, cuidamos nuestro campo". Esto implica acciones coherentes: recoger nuestro material y cualquier residuo al finalizar el entrenamiento, usar el agua de manera responsable y respetar las áreas ajardinadas. La "coherencia entre mensaje y acción".

En mis clases no solo se trabaja el Medio Ambiente (el campo y sus recursos), sino que se utiliza la Educación Ambiental como metodología para formar personas críticas y participativas. El béisbol deja de ser solo un deporte y se convierte en una excusa perfecta para construir ciudadanía, demostrando que la EA es un proceso para la vida, que puede y debe integrarse en todos los espacios, incluso en un campo de juego.

La Educación Ambiental en el terreno de Béisbol.

 Mi labor como entrenador de béisbol para niños de 8 a 10 años no se limita a la enseñanza de una técnica deportiva. Concibo el campo de juego como un entorno de aprendizaje integral, y por ello, mi práctica se alinea con los principios de una Educación Ambiental de Nivel 3.

El espacio como sistema: "Trabajo Educación Ambiental (EA) y no solo en el Medio Ambiente (MA), porque mi objetivo va más allá de enseñar a los niños que el campo (el MA) es un espacio físico que hay que cuidar, les ayudo a ver el campo como un sistema interconectado. Analizamos el problema del agua: de dónde viene, cómo llega al bebedero, qué pasa si la dejamos corriendo, qué impacto tiene eso en otros lugares.

 Cuando detectamos un problema, como basura en el campo, no nos quedamos en la sensibilización. Promovemos un pensamiento crítico preguntándonos: ¿Por qué hay basura? ¿Quién es el responsable? ¿Podemos hacer algo nosotros? Esto nos ha llevado a acciones concretas como diseñar la concienciación de los niños, pasan de ser destinatarios a ser agentes educadores.

En mis entrenamientos no solo se trabaja el Medio Ambiente (el estado del campo), sino que se aplica la Educación Ambiental como una metodología activa y participativa para la transformación social. El objetivo final no es solo tener un campo limpio, sino formar ciudadanos críticos, responsables y participativos, que aplicarán estas habilidades en su comunidad. Esta es la esencia de una 'buena práctica' en EA, tal como la define el documento: un proceso que busca la participación, el pensamiento crítico y el cambio social.

 Fuentes consultadas:

 

· Diputación Provincial de Cádiz. (2010). Guía de Buenas Prácticas en Educación Ambiental Local. Servicio de Medio Ambiente.

 

· Carta de Belgrado: un marco general para la Educación Ambiental. (1975). Seminario Internacional de Educación Ambiental.

 

· Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Human

o. (1972). Estocolmo.