En el contexto cubano, la confusión entre Educación Ambiental y Medio Ambiente aparece cuando se reduce la primera a actividades ecológicas aisladas o cuando se entiende el medio ambiente únicamente como naturaleza. Sin embargo, los documentos rectores del Sistema Nacional de Educación establecen una distinción conceptual clara y necesaria para la práctica pedagógica. El Ministerio de Educación de Cuba define como objetivo esencial del sistema educativo “el desarrollo de una cultura para la conservación del medio ambiente y la educación para la prevención de riesgos, el cambio climático y el desarrollo sostenible”. Esta formulación ya indica que el medio ambiente es un campo de realidad a proteger y gestionar, mientras que la Educación ambiental es el proceso formativo que permite comprenderlo y actuar sobre él.
El Medio Ambiente, según la Estrategia Nacional de Educación Ambiental (1997), es un sistema complejo de interrelaciones entre factores naturales, sociales, económicos y culturales, y no un simple escenario físico. La estrategia lo define como un entramado donde convergen “las relaciones sociedad–naturaleza” y donde la dimensión ambiental se expresa en todas las actividades humanas . Desde esta perspectiva, mi posición es que el medio ambiente constituye el objeto de estudio, el referente real que se analiza, diagnostica y transforma. Es un sistema dinámico, atravesado por procesos productivos, valores, tecnologías, modos de vida y prácticas culturales. Reducirlo a “naturaleza” implica desconocer la esencia socioambiental que Cuba ha defendido en su política educativa desde los años noventa.
La Educación Ambiental, en cambio, es definida por el Programa Nacional de Educación Ambiental para el Desarrollo Sostenible (PNEADS) 2023–2030 como un proceso educativo permanente, orientado a formar ciudadanos capaces de actuar críticamente ante los problemas ambientales. El documento señala que la Educación ambiental constituye “el instrumento para implementar las proyecciones en materia de educación ambiental” y que su propósito es integrar conocimientos, valores, actitudes y prácticas responsables en todos los niveles educativos. Mi posición es que esta es una dimensión formativa transversal, que articula lo cognitivo, lo ético, lo participativo y lo comunitario. La Educación ambiental problematiza, interpreta y transforma el medio ambiente.
Esta distinción también aparece en los estudios sobre el perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación. Investigaciones recientes señalan que la dimensión ambiental debe expresarse en los objetivos, contenidos y orientaciones metodológicas de cada subsistema educativo, y que su incorporación requiere un enfoque crítico y contextualizado. El análisis curricular demuestra que la Educación ambiental es una construcción pedagógica que se integra al currículo para abordar la problemática ambiental desde una perspectiva científica, ética y social . Esto confirma que es un proceso educativo intencional, mientras que el medio ambiente es el referente que dicho proceso aborda.
En mi práctica docente trabajo ambos conceptos, pero desde lugares distintos. Cuando analizo problemáticas ambientales concretas, relaciones sociedad–naturaleza, impactos económicos o culturales, o realizo diagnósticos comunitarios, estoy trabajando Medio Ambiente como objeto de estudio. Cuando diseño actividades formativas, proyectos comunitarios, estrategias didácticas, debates éticos o acciones de participación ciudadana, estoy trabajando Educación Ambiental como proceso pedagógico. Cuando integro ambos, por ejemplo, al estudiar un problema ambiental local y diseñar acciones educativas para su transformación, estoy articulando ambas de manera coherente con el enfoque cubano de desarrollo sostenible.